miércoles, 26 de septiembre de 2018

El nombre de las cosas



El nombre de las cosas

Cerca a la puerta de mi casa hay una tienda y es normal que la gente que compra en ese lugar se quede breves instantes en la puerta del negocio, sucede que regresando del parque con mis hijas encontramos casi estorbando la entrada de la casa un muchacho que acababa de encender un cigarrillo, en ese instante la pequeña de 4 años lo miro y me pregunto -sin quitarle la mirada al fumador- ¿papi como se llama eso?, casi en simultáneo yo y el fumador pronunciamos palabra; yo para responderle a mi hija: "...es un cigarro" ( mientras la pequeña ocultaba su cara timida pero curiosa tras de mí) y el fumador para decirme con sonrisa de verguenza: "no le digas eso".

El hecho es que le dije claramente a mi hija de cuatro años  que era un cigarro y no me preocupo, reconocí luego que si hubiese disfrazado la respuesta con otra cosa inocua no hubiera respetado a mi hija de cuatro años por cuanto no hubiese reconocido su derecho a conocer la verdad la cual es responsabilidad de quien se considere padre de: dosificarla más no disfrazarla.


Sobre el fumador?, supongo que prendió su cigarro por no haber conocido la verdad a tiempo y en su momento.

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