Después de no sé cuanto tiempo volvió a suceder que una pelea más, un insulto más, un maltrato más, un desamor más entre mi hija mayor y yo alargo la distancia sentimental al punto que casi creo que no podemos distinguirnos bien; es como apoyarse en la baranda de un barco que cruza altamar y en plena niebla querer ver el horizonte.
Se supone que como padre soy quien debe manejar una situación con suficiente inteligencia emocional capaz de capear el temporal pero lo reconozco: no la tengo, no he podido domar la fragilidad de mi carácter que me conduce a detonar una bomba que me hace estallar en respuestas crudas, duras ante actitudes de mi hija (que desde luego provocan y ofenden).
Mi matrimonio?; claro, mi matrimonio supongo que ya no lo es, porque ante esto y al igual que otras veces mi esposa me dice: que no puedo estar cerca de mis hijas, que debo usar las palabras y etc,. He podido resumir que desde hace ya algunos años, los avatares de la crianza de mis hijas, las situaciones de dificultad que hemos pasado y que aún pasamos nos han hecho perder la perspectiva de hogar y desde luego también el sentido de lo que es ser una pareja de esposos; quiero eximir aquí a mis hijas de cualquier responsabilidad por el alejamiento que también tenemos como pareja pero casi es seguro que en este momento de mi vida solo percibo dos situaciones al respecto: una en la cual mi aún esposa viva con mis hijas juntas construyendo su futuro y modo de vida ajustado a sus caracteres, y yo por mi parte viviendo solo procurando trabajar y tratando de lograr lo más posible para al menos dejarle algo "material" al final de mi vida; y recalco eso de "material" pues según veo lamentablemente no pude dejarles un legado de educación, ética ni ejemplo que juzgo sean dignos de considerar.
Creo que soy el malo de una película de la cual no pude ver trailer alguno para saber si me iba a gustar pero en la que ya estoy actuando esperando termine pronto porque mi presencia le esta haciendo daño a mis hijas, ha destruido un matrimonio y dejado si esperanza mi alma. Que decepción construí.