sábado, 30 de julio de 2022

La decepción

            Después de no sé cuanto tiempo volvió a suceder que una pelea más, un insulto más, un maltrato más, un desamor más entre mi hija mayor y yo alargo la distancia sentimental al punto que casi creo que no podemos distinguirnos bien; es como apoyarse en la baranda de un barco que cruza altamar y en plena niebla querer ver el horizonte.


               Se supone que como padre soy quien debe manejar una situación con suficiente inteligencia emocional capaz de capear el temporal pero lo reconozco: no la tengo, no he podido domar la fragilidad de mi carácter que me conduce a detonar una bomba que me hace estallar en respuestas crudas, duras ante actitudes de mi hija (que desde luego provocan y ofenden).

 

               Mi matrimonio?; claro, mi matrimonio supongo que ya no lo es, porque ante esto y al igual que otras veces mi esposa me dice: que no puedo estar cerca de mis hijas, que debo usar las palabras y etc,. He podido resumir que desde hace ya algunos años, los avatares de la crianza de mis hijas, las situaciones de dificultad que hemos pasado y que aún pasamos nos han hecho perder la perspectiva de hogar y desde luego también el sentido de lo que es ser una pareja de esposos; quiero eximir aquí a mis hijas de cualquier responsabilidad por el alejamiento que también tenemos como pareja pero casi es seguro que en este momento de  mi vida solo percibo dos situaciones al respecto: una en la cual mi aún esposa viva con mis hijas juntas construyendo su futuro y modo de vida ajustado a sus caracteres, y yo por mi parte viviendo solo procurando trabajar y tratando de lograr lo más posible para al menos dejarle algo "material" al final de mi vida; y recalco eso de "material" pues según veo lamentablemente no pude dejarles un legado de educación, ética ni ejemplo que juzgo sean dignos de considerar.

 

            Creo que soy el malo de una película de la cual no pude ver trailer alguno para saber si me iba a gustar pero en la que ya estoy actuando esperando termine pronto porque mi presencia le esta haciendo daño a mis hijas, ha destruido un matrimonio y dejado si esperanza mi alma. Que decepción construí.

 


                             


                         

miércoles, 13 de julio de 2022

La simplicidad de la inocencia

 Ya habia dado tres vueltas a los canales y solo me detuve para volver a ver la noticia (creo que lo hice inconsientemente para  castigarme por no haber salido de Lima) 

El coronavirus: Grau, Bolognesi y la traición

 Mientras Bolognesi; anciano y patriota se batia a muerte en Arica, Grau ya había sucumbido gloriosamente en Angamos allá por 1879. Un traidorzuelo llamado Mariano Ignacio Prado fugaba a Europa con unos fondos recaudados por 

lunes, 23 de agosto de 2021

El pasajero de Taxcentral

 

El pasajero de Taxcentral


El pasajero de taxcentral ya lleva tres meses y le faltan tres más para subirse de nuevo al mismo que lo trajo hasta aquí, creo que más de 4000 kilómetros, ¿y que será de los demás seis pasajeros que subieron a esa van con muchos bultos y muchas ilusiones?; quiero verlos ya pero sí cuesta la espera, es que no quiero ser cobarde, no quiero give me up, porque cuando vuelva a acomodar mis maletas en ese auto ya cansado, ya con el pelo muy crecido pero dichoso de oler arepitas, café y bajar en el camino a comer lo que haya aún sin hambre pero comer a mi tierra, saborear familia, hogar y todo aquello que queme y consuma definitivamente el mal. 

 

Por ratos me pregunto si mis demás compañeros de ese viaje ¿habrán ya vuelto?, ¿habrán sufrido?, ¿Qué desesperaciones tuvieron y que por falta de fe sufrieron más?  Pero quiero encontrarlos subiendo a ese auto para que el regreso sea más feliz, y cuando vea desde lejos el terminal de donde debí salir no pueda hablar porque mi corazón late en mis labios; claro que cuando toque la puerta de la casa y huela al hogar que me espera ya no podré hablar, solo lloraré y lloraré y lloraré más, me dejaré abrazar, desgarrar las mejillas de besitos y de besos y que mis maletas sean saqueadas por esas manitas de amor, luego le diré a mi esposa que en este viaje de 8000 kilómetros me la pasé conversando con un amigo que es un mago de amor porque hizo con sus cosas mis días cortos y mis fuerzas extraordinarias, dijo que sí nos veríamos algún día, él tenía muchos nombre pero solo recuerdo que cuando nos despedimos solo lo recuerde por su nombre preferido: “Amor”, ah!, ya ya ya recordé, claro era Jesús. 

 

Entre tus manos, REALMENTE está mi vida Señor 

 

Gracias, ya llegué a casa Jesús, gracias por tu amor. 



miércoles, 26 de septiembre de 2018

Cuando te pregunten "¿te ayudo?"


Cuando te pregunten "¿te ayudo?"

Hace unos días mientras empezaba a rallar un cebolla para cocinar una de mis hijas -la de 7 años- se me acercó y me dice: "papá yo quiero ayudar"  y desde luego le respondí que no porque tenía que terminar rápido, luego se fue a jugar con sus hermanas.

Hoy domingo mientras decidía si levantarme ya o seguir en la cama recordé ese día y me lamenté haber dejado pasar esa única oportunidad que mi hija me dió al decirme "papá yo quiero ayudar", lo lamenté porque por algún motivo una luz de sabiduría doméstica me ha hecho reconocer que cuando una persona te dice que "quiere ayudar" o pregunta "si puede ayudar" es un momento cumbre para la vida de ese ser humano pues durante los pocos o muchos minutos que te este ayudando podrá ABSORBER, INTERIORIZAR, hasta el más mínimo detalle  que puedas enseñarle.

La predisposición mental y emocional que voluntariamente pone a TU DISPOSICION un ser humano que te dice: que "quiere ayudarte" es tan grande que la responsabilidad (en caso decidas que te ayude) pasa a ser tuya ya que te converitrá por breves minutos en MAESTRO en lo que te este ayudando.

Mis hijas me dan todos los días muchas oportunidades de enseñarles, y eso me abruma por la responsabilidad que tendré si decido aceptar su ayuda. Pero claro, en pocos años de seguro sabré la calidad de MAESTRO que fui cuando me ayudaron,


...mas disfruto más te estresas


...mas disfruto más te estresas

Luego de pasar el día en un centro comercial tan grande que solo llegue hasta el nivel 2 y recordando lo que habíamos hecho visualizaba a mi esposa rebotando de tienda en tienda probándose desde aretes hasta zapatos y desordenando cuanto escaparate veía ordenado, mientras que por otro lado una de mis hijas (no quiero usar el término pero les juro que no encuentro otro más cercano) jodía a la señorita de los helados pidiéndole degustaciones de todos los sabores para al final decidir por dos bolas de chocolate y fresa.

Sobre mí, bueno, confieso que no jodía tanto pero sí creo que le saqué algunas canitas verdes al vendedor del concesionario de autos cuando le pedí una explicación menos vendedora y algo más técnica sobre el sistema abs de frenos y los sensores de multibalanceo asistido por computadora (y sino, también asistido por alguien que supiera de esto).

El hecho es que toda esta jodedera que ocasionamos (al vendedor de autos, a la señorita de los helados y a las vendedoras de todas las tiendas que mi esposa visitó y a los demás héroes que por ahí de seguro olvido) desemboca en que mientras más disfruto alguien más se estresa porque esta trabajando y ganando dinero, curiosamente me ha sucedido que en ciertas fechas no he podido "disfrutar" porque no tenía dinero y por momentos durante mi jornada laboral alguien me jode pero estoy trabajando para que alguien disfrute también pero granando dinero.



El nombre de las cosas



El nombre de las cosas

Cerca a la puerta de mi casa hay una tienda y es normal que la gente que compra en ese lugar se quede breves instantes en la puerta del negocio, sucede que regresando del parque con mis hijas encontramos casi estorbando la entrada de la casa un muchacho que acababa de encender un cigarrillo, en ese instante la pequeña de 4 años lo miro y me pregunto -sin quitarle la mirada al fumador- ¿papi como se llama eso?, casi en simultáneo yo y el fumador pronunciamos palabra; yo para responderle a mi hija: "...es un cigarro" ( mientras la pequeña ocultaba su cara timida pero curiosa tras de mí) y el fumador para decirme con sonrisa de verguenza: "no le digas eso".

El hecho es que le dije claramente a mi hija de cuatro años  que era un cigarro y no me preocupo, reconocí luego que si hubiese disfrazado la respuesta con otra cosa inocua no hubiera respetado a mi hija de cuatro años por cuanto no hubiese reconocido su derecho a conocer la verdad la cual es responsabilidad de quien se considere padre de: dosificarla más no disfrazarla.


Sobre el fumador?, supongo que prendió su cigarro por no haber conocido la verdad a tiempo y en su momento.